Nuevas claves en tensión arterial: alerta ante la sistólica elevada y la diastólica muy baja
El riesgo más bajo se constató en aquellos voluntarios con una presión arterial sistólica de entre 120 y 129 mm de Hg. Sin embargo, paradójicamente, la presión diastólica por debajo de 70 mm de Hg aumentó el riesgo cardiovascular. Foto: Freepik

Investigadores y clínicos de la Facultad de Medicina de Duke-NUS, en Singapur, han protagonizado un estudio con más de 80.000 pacientes diabéticos para analizar su tensión arterial. El hallazgo más relevante es el vínculo entre presión sistólica elevada y la diastólica muy baja con más eventos cardiovasculares.

En el estudio observacional que difunde Journal of the American Heart Association, se examinaron cómo los diferentes niveles de presión arterial se relacionaban con el riesgo de morir por enfermedad cardíaca, en adultos asiáticos con diabetes tipo 2.

La principal conclusión es que el riesgo más bajo se constató en aquellos voluntarios con una tensión arterial sistólica de entre 120 y129 mm de Hg. El riesgo aumentó una vez que los niveles sistólicos alcanzaron 130 mmHg o más.

Sin embargo, el estudio concluye que, paradójicamente, la presión diastólica por debajo de 70 mm de Hg aumentaba el riesgo cardiovascular. En este sentido, la profesora Tazeen Jafar, autora principal de este trabajo, subraya que “la presión diastólica por debajo de 70 mm Hg podría ser potencialmente dañina en pacientes con diabetes, aunque no está claro si esa asociación fue directamente causal. Nuestro análisis subraya la necesidad de controlar la presión arterial sistólica elevada a menos de 130 mm de Hg en pacientes con diabetes, mientras se evalúan cuidadosamente los riesgos si la presión diastólica baja demasiado”.

Siete años de estudios

Estos hallazgos -aseguran los autores del estudio- respaldan las directrices clínicas que recomiendan objetivos sistólicos inferiores a 130 mm de Hg en diabéticos, para protegerse contra enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares. No obstante, sugieren ser más cautelosos a la hora de reducir la presión diastólica demasiado por debajo de 70 mm de Hg.

Un dato a tener en cuenta es que los asiáticos registran tasas altas de diabéticos, lo que conlleva un mayor riesgo cardiovascular que los habitantes de Occidente.

La profesora Jafar y su equipo analizaron a un total de 83.721 pacientes inscritos en el Registro de Diabetes SingHealth, una gran base de datos multicéntrica. Durante siete años, examinaron la relación entre diferentes niveles de tensión arterial sistólica y diastólica y el riesgo de mortalidad cardiovascular.

Así, llevaron a cabo pormenorizados análisis, teniendo en cuenta una serie de datos de cada paciente como edad, sexo y si tenía enfermedad cardíaca. Varios análisis de sensibilidad confirmaron la solidez de los resultados.

Tensión arterial alta

Según Mayo Clinic, la mayoría de las personas con presión arterial alta no tienen síntomas, incluso si las lecturas de presión arterial alcanzan niveles peligrosamente altos. Se puede tener presión arterial alta durante años sin presentar ningún síntoma, puntualizan.

Algunos pueden tener dolores de cabeza, falta de aire y sangrados nasales. Sin embargo, estos síntomas no son específicos. No suelen aparecer hasta que la presión arterial alta haya alcanzado un estado grave o que ponga en riesgo la vida.

Por último, recordar que existen dos tipos principales de presión arterial alta: hipertensión primaria (esencial) e hipertensión secundaria. En la esencial y para la mayoría de los adultos, no hay una causa que la identifique, tiende a desarrollarse progresivamente a lo largo de muchos años. La acumulación de placa en las arterias (ateroesclerosis) aumenta el riesgo de tener presión arterial alta.

En cuanto a la hipertensión secundaria, desde Mayo Clinic puntualizan que se debe a una afección subyacente. Tiende a aparecer repentinamente y causa una presión arterial más alta que la hipertensión primaria.

Los trastornos y medicamentos que pueden llevar a la hipertensión arterial secundaria incluyen los siguientes: tumores de la glándula suprarrenal; problemas en los vasos sanguíneos presentes al nacer, también llamados defectos cardíacos congénitos; medicamentos para la tos y el resfriado, algunos analgésicos y píldoras anticonceptivas, entre otros; cocaína y anfetaminas; enfermedad renal; apnea y problemas de tiroides.

A veces, un simple chequeo médico se traduce en un aumento de la presión arterial. Es lo que se conoce como hipertensión de bata blanca.

 

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