José María Ordovás
A propósito de la información publicada por Biotech Magazine & News el pasado 12 de marzo, bajo el título Confirmada la teoría del mono borracho, el profesor José María Ordovás, considerado el padre de la nutrigenómica y la nutrigenética, afirma que esta hipótesis “siempre me ha parecido -revela- una de esas ideas evolutivas que, aunque al principio suenan casi anecdóticas, terminan revelando conexiones profundas entre ecología, metabolismo y comportamiento”.
En este sentido, el profesor Ordovás, director del grupo de Nutrición de Precisión y Envejecimiento Saludable, del HNRCA-Tufts University (EE UU) e investigador del IMDEA (España), destaca que “la evidencia que se va acumulando encaja bien con la idea de que los primates frugívoros, incluidos nuestros antepasados, han estado expuestos durante millones de años a pequeñas cantidades de etanol procedente de frutas fermentadas. Y no olvidemos que existen observaciones de hace décadas en distintas especies donde el consumo de fruta muy fermentada sí produce signos claros de intoxicación, lo que sugiere que, en determinadas circunstancias, el fenómeno puede ir más allá de una simple exposición metabólica”.
A su juicio, “lo fascinante es que, visto desde el otro lado del ecosistema, las plantas también pueden beneficiarse: la fermentación genera compuestos aromáticos que atraen a los animales frugívoros y favorecen la dispersión de semillas, cerrando un círculo evolutivo entre plantas, microorganismos y animales que probablemente lleva funcionando millones de años”.
“En ese sentido -concluye-, el etanol no sería un accidente de la naturaleza, sino parte de una señal ecológica y energética profundamente integrada en los sistemas naturales. Ojalá veamos más trabajos de este tipo que conecten evolución, comportamiento y ecología con la misma claridad”.





































































