¿Cómo vivían los mayores en la Edad del Hierro?

Un equipo de arqueólogos ha conseguido identificar los hábitos diarios de los adultos mayores de la Edad del Hierro, tras analizar una serie de utensilios domésticos de hace 2.700 años en el Edificio 101 de Tel Eton, en la zona sureste de la Sefelá

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¿Cómo vivían los mayores en la Edad del Hierro?
Edificio 101, en vísperas de su destrucción por el ejército asirio a finales del siglo VIII a. C. Imagen: Vered Yacobi

Si bien la investigación sobre mujeres y niños en la Edad del Hierro ha florecido en las últimas décadas, las personas mayores han permanecido prácticamente invisibles, y sus vidas se han reconstruido principalmente a partir de restos óseos.

Ahora, este nuevo estudio que aparece en Cambridge Archaeological Journal identifica a las personas mayores a través de artefactos domésticos, ofreciendo una nueva perspectiva sobre su vida cotidiana y sus roles sociales hace más de 2.700 años.

El trabajo se centra en el Edificio 101 de Tel Eton, situado en la zona sureste de la Sefelá. Esta amplia residencia de alta calidad, con múltiples habitaciones distribuidas en sus dos plantas, se destruyó durante una campaña militar asiria a finales del siglo VIII a. C. Los expertos han analizado centenares de vasijas de cerámica y otros artefactos sellados entre esos escombros.

Utilizando un enfoque innovador que combinó el análisis de objetos, características arquitectónicas, áreas de actividad y perspectivas etnográficas comparativas sobre el envejecimiento y la vida familiar, el profesor Avi Faust y su equipo de la Universidad New Bar-Ilan reconstruyeron las experiencias vividas y los papeles sociales de los adultos mayores dentro de la casa.

El edificio albergaba a una familia extensa de unas tres generaciones. La habitación B, probablemente ocupada por la pareja mayor de la familia, poseía varias características únicas. Era la habitación más grande del edificio y la única en la planta baja que se utilizaba para vivir y dormir (en lugar de actividades especializadas como almacenar, cocinar, etc.).

Vida familiar en la Edad del Hierro

La situación de la habitación dentro del edificio es importante por varias razones, según estos investigadores. En primer lugar, su ubicación estratégica, frente a la entrada, permitía a los residentes observar todo el patio y las entradas a las demás habitaciones.

En segundo lugar, el hecho de que esta fuera la única habitación en la planta baja refleja la dificultad que habrían tenido los ancianos para subir una escalera varias veces al día para llegar a los demás dormitorios del segundo piso.

La estancia contenía varios hallazgos especiales, incluyendo un lavapiés único, asociado con el agasajo de invitados importantes, y cedro quemado, quizás los restos de una imponente silla. El patriarca, sentado en una gran silla, podría haber vigilado las idas y venidas y agasajado a los invitados, mientras que la matriarca podría haber supervisado todas las actividades domésticas.

Los espacios adyacentes, incluyendo una sala para la preparación de alimentos con un gran telar y un patio parcialmente cerrado, se asociaban con las actividades de la matriarca mayor, como el cuidado de los niños y el tejido, lo que resaltaba su papel central en la gestión doméstica diaria.

El estudio va más allá de los métodos tradicionales de identificación de ancianos, que se basan casi exclusivamente en el análisis óseo en cementerios. Estos enfoques convencionales suelen ser limitados, incompletos o sesgados, especialmente en la Edad de Hierro de la zona, donde la evidencia funeraria es escasa y fragmentaria.

En cambio, este enfoque basado en materiales expone a los mayores en el espacio doméstico, revelando su estatus social, influencia e integración en las estructuras familiares y domésticas, trascendiendo la edad cronológica para capturar la experiencia vivida.

Arqueología de la vejez

“Durante años, las personas mayores han permanecido prácticamente inadvertidas en la investigación arqueológica”, recuerda el profesor Faust, director de excavaciones en Tel Eton y autor del estudio.

Añade que, “al analizar objetos domésticos en lugar de restos óseos, contamos con una forma más eficaz de identificar a las personas mayores y descubrir su papel e influencia dentro de la familia; una perspectiva que la arqueología ha pasado por alto durante mucho tiempo”.

En su opinión, estos hallazgos muestran que los ancianos no eran meros miembros pasivos del hogar. Participaban activamente en la gestión de recursos, la supervisión de las tareas domésticas y el mantenimiento de la cohesión familiar. La investigación subraya el potencial de la arqueología doméstica para esclarecer aspectos de la vida cotidiana que los datos esqueletales o textuales por sí solos no pueden capturar.

Este estudio marca un paso significativo en la arqueología de la vejez, abriendo una nueva vía para la identificación y comprensión de los ancianos en otras sociedades antiguas.

Como señala el profesor Faust, “al examinar minuciosamente pequeños hallazgos en espacios domésticos e interpretarlos a la luz de la evidencia textual y los datos etnográficos sobre la vida de los ancianos, podemos darles la visibilidad que merecen en la reconstrucción de las sociedades del pasado”.