
Los restos fósil de un mamífero del Cretácico, encontrados ahora en el desierto siberiano de Gobi, transforman la comprensión científica de la evolución de los mamíferos durante la era de los dinosaurios. Además, echan por tierra la teoría científica defendida por George Cuvier hace más de 200 años.
En un estudio difundido por Nature, científicos del Museo de Historia Natural de Nueva York y de las universidades de Yale, Arizona, Arcadia y Stony Brooks detallan que la nueva especie descubierta es parte de un grupo de mamíferos extintos conocidos como zheléstidos.
Aseguran que no eran parientes cercanos de los mamíferos placentarios modernos, como muchos investigadores creyeron durante décadas. En cambio, pertenecían a una rama completamente diferente de los primeros mamíferos, refutando una interpretación arraigada basada principalmente en dientes fósiles.
Concretamente, Maureen O’Leary, de la Universidad de Stony Brook y miembro de este equipo, recuerda que “hace más de 200 años, el naturalista francés Georges Cuvier afirmó que un solo diente podía permitir a los científicos predecir la anatomía de un animal completo. Si bien los dientes siguen estando entre los fósiles más informativos disponibles, este trabajo demuestra que no siempre nos permiten saber cómo era el animal en su totalidad”.
Georges Cuvier (1769-1832), considerado como el fundador de la Paleontología, es autor del Discours sur les Révolutions de la Surface du Goble, publicado en París en 1825.
Este fósil extraordinariamente bien conservado del desierto de Gobi, en Mongolia, está transformando la comprensión científica de la evolución de los mamíferos durante la era de los dinosaurios.
Fósil de zheléstido
Andres Giallombardo, autor principal del estudio que encontró el fósil cuando era estudiante de posgrado en una expedición patrocinada por el Museo de Historia Natural neoyorkino en 2004, hace hincapié en que “este descubrimiento ilustra por qué el trabajo de campo sigue siendo indispensable para comprender la historia de la vida. Fue la mayor satisfacción de mi carrera encontrar una nueva especie tan completamente conservada”.
Los especialistas conocen los zheléstidos desde hace cerca de 40 años a partir de dientes aislados y fósiles fragmentarios. Sus dientes distintivos, más especializados para alimentarse de plantas que los afilados dientes insectívoros de muchos mamíferos del Cretácico, llevaron a los paleontólogos a sugerir que representaban un grupo desconocido de mamíferos ungulados.
Los investigadores han debatido si estos animales eran ejemplos de mamíferos placentarios del Cretácico -el grupo que hoy incluye a los humanos y a la mayoría de los mamíferos actuales- o un linaje separado que desarrolló características similares de forma independiente.
La idea de que existieron estos mamíferos la respaldan estudios de reloj molecular, que sugieren que los placentarios se originaron mucho antes del final del Cretácico.
El fósil descrito en este estudio aporta pruebas de todo lo contrario. Paul Velasco, de la Universidad de Arcadia, afirma que “los modelos moleculares basados en animales vivos pueden predecir el pasado, pero los fósiles proporcionan la evidencia necesaria para comprobar esas predicciones”.
Descubierto en el este del desierto de Gobi, Tamirkhan balcarceli es el zheléstido más completo encontrado hasta la fecha y resuelve el misterio de cómo era este grupo.
Aunque Tamirkhan posee los dientes bajos y redondeados característicos de los zheléstidos, también tiene incisivos largos y de crecimiento continuo, así como un conjunto de rasgos craneales distintivos propios de un grupo de pequeños mamíferos insectívoros parecidos a las musarañas, denominados zalambdalestóidos.
Conejos del Cretácico
Shawn Zack, de la Universidad de Arizona, describe que las patas traseras de Tamirkhan “son largas y delgadas, con tobillos distintivos, rasgos inconfundiblemente zalambdalestóidos”.
Basándose en estos hallazgos, este equipo concluye que los zheléstidos no eran mamíferos placentarios ni particularmente similares a ellos, sino un subgrupo del grupo zalambdalestóideos.
El descubrimiento también demuestra que las especies de mamíferos del Cretácico no eran tan diversas anatómicamente como se podría haber previsto basándose únicamente en los dientes.
Sus característicos dientes redondeados -comunes en los mamíferos herbívoros- probablemente sean un caso de evolución convergente, donde animales no emparentados desarrollan rasgos similares al adaptarse a estilos de vida parecidos.
Con una longitud de entre 15 y 18 centímetros desde la cabeza hasta la cola, Tamirkhan tenía extremidades traseras alargadas que le daban una apariencia casi de conejo. Los paleontólogos a veces se refieren informalmente a los zheléstidos como conejos del Cretácico, porque imitaban a esos animales a pesar de su lejana relación con los conejos modernos.
Este hallazgo, además, subraya aún más si cabe la extraordinaria importancia científica del desierto de Gobi que, además de Kazajstán, Kirguistán y Uzbekistán, es uno de los pocos lugares donde se conservan fósiles de zheléstidos. Para Michael Novack, conservador de la División de Paleontología del Museo de Historia Natural, es uno de los pocos lugares “donde recuperamos habitualmente mamíferos del Cretácico tan extraordinariamente completos. Estos fósiles siguen transformando nuestra comprensión de la evolución de los mamíferos”.
Gracias a la plataforma integral de investigación filogenética de mamíferos MorphoBank se obtuvieron las conclusiones evolutivas del estudio. Publicada por primera vez en 2013, la base de datos se ha expandido durante más de una década para incluir un número cada vez mayor de especies fósiles clave, proporcionando el marco más completo jamás reunido para analizar las relaciones de los primeros mamíferos.

































