Los grandes simios tienen mucho sentido del humor
Dos gorilas jugando. Foto: Max Block

Orangutanes, chimpancés, bonobos y gorilas -considerados como grandes simios- tienen, desde pocos meses después de su nacimiento, muy desarrollado el sentido del humor que se traduce en burlas y juegos. Esta es la principal conclusión de un elegante estudio que han llevado a cabo biólogos cognitivos y primatólogos del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal (Alemania) y de tres universidades de Estados Unidos (Indiana, California y San Diego).

Vídeo: Isabelle Laumer, PhD

En el estudio observacional que aparece hoy en Proceedings of the Royal Society B Biological Sciences, un equipo interdisciplinar documenta burlas juguetonas en cuatro especies de grandes simios. Al igual que el comportamiento bromista en los humanos, las burlas de los simios son provocativas, persistentes e incluyen elementos de sorpresa y juego.

Estos investigadores especulan con la posibilidad de que los requisitos previos para el humor en estas cuatro especies evolucionaran en el linaje humano hace, al menos, tres millones de años.

Para Isabelle Laumer, primera autora de este estudio, “los grandes simios son excelentes candidatos para las burlas lúdicas, ya que se relacionan estrechamente con nosotros, participan en juegos sociales, se ríen y muestran una comprensión relativamente sofisticada de las expectativas de los demás”.

Burlas lúdicas en los grandes simios

El equipo analizó interacciones sociales espontáneas que parecían ser divertidas, ligeramente acosadoras o provocativas. Durante estas interacciones, observaron las acciones del bromista, los movimientos corporales, las expresiones faciales y cómo respondían a su vez los objetivos de las burlas.

También evaluaron -como detallan en su trabajo- la intencionalidad del provocador buscando evidencia de que el comportamiento estaba dirigido a un objetivo específico que persistía o se intensificaba y que los provocadores esperaban una respuesta del objetivo.

Así, descubrieron que los orangutanes, chimpancés, bonobos y gorilas participaban en comportamientos intencionalmente provocativos, frecuentemente acompañados de características de juego. Identificaron un total de 18 comportamientos de burla distintos.

Muchos de estos comportamientos parecían utilizarse para provocar una respuesta o, al menos, para atraer la atención del objetivo. “Era común que los provocadores agitaran o balancearan repetidamente una parte del cuerpo u objeto en el medio del campo de visión del objetivo, lo golpearan o pincharan, lo miraran fijamente a la cara, interrumpieran sus movimientos, tiraran de su pelo o realizaran otros comportamientos que eran extremadamente difíciles de ignorar para el objetivo”, explica Erica Cartmill, profesora de UCLA y miembro del equipo.

Aunque las burlas lúdicas adoptaban muchas formas, los autores señalan que se diferenciaban del juego en varios aspectos. “Las bromas juguetonas en los grandes simios son unilaterales, en gran medida provienen del provocador a lo largo de toda la interacción y rara vez son recíprocas -asegura la profesora Cartmill- y los animales también rara vez usan señales de juego como la cara de juego de los primates, que es similar a lo que llamaríamos una sonrisa, o gestos de sostener que indican su intención de jugar”.

Similitudes con humanos

Las burlas juguetonas ocurrían principalmente cuando los simios estaban relajados y compartían comportamientos similares a los de los humanos. En este punto, Laumer enfatiza que, “al igual que en los niños, las burlas lúdicas de los simios implican una provocación unilateral, una espera de respuesta en la que el provocador mira hacia la cara del objetivo directamente, después de una acción de burla, repetición y elementos de sorpresa”.

Estos investigadores recuerdan que, hace muchos años, Jane Goodall y otros primatólogos de campo habían mencionado comportamientos similares en los chimpancés, pero este nuevo estudio es el primero en estudiar sistemáticamente las burlas juguetonas.

En opinión de Isabelle Laumer, “desde una perspectiva evolutiva, la presencia de burlas juguetonas en los cuatro grandes simios y sus similitudes con las de los bebés humanos sugiere que las bromas y sus prerrequisitos cognitivos puede que estuvieran presentes en nuestro último ancestro común, al menos hace 13 millones de años”.

Esta científica tiene la esperanza de que este trabajo “inspire a otros investigadores a estudiar las burlas juguetonas en más especies para comprender mejor la evolución de este comportamiento multifacético. También esperamos que este estudio genere conciencia sobre las similitudes que compartimos con nuestros parientes más cercanos y la importancia de proteger a estos animales en peligro de extinción”.

 

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