Visualizan las habilidades de perros para asociar sonidos con estímulos de comida
Los perros más exigentes tienen cerebros más exigentes. Foto: Raúl Hernández / Universidad Eötvös Loránd

Un innovador trabajo de investigadores del Departamento de Etología de la Universidad Eötvös Loránd (Hungría), que combina datos de comportamiento y de neuroimagen, ofrece nuevos conocimientos sobre la influencia de la calidad de la comida en la motivación de los perros.

Para desarrollar el estudio que aparece en Scientific Reports, los investigadores trabajaron con 20 perros domésticos adultos, de entre uno y 10 años. Once eran machos y nueve hembras. Cuatro eran vizslas húngaros; tres, Golden Retriever; dos, Jack Russell terriers; y un ejemplar de cada una de estas razas Chihuahua, Airedale terrier, Groenendael, Boxer, Parson Russell terrier, pastor australiano, Springer spaniel, así como cuatro ejemplares de razas mixtas.

Las preferencias alimentarias de los perros se reflejan en su actividad cerebral, particularmente dentro de sus núcleos caudados, una región del cerebro asociada con el procesamiento de recompensas, según un nuevo estudio que combina datos de comportamiento y de neuroimagen realizado por investigadores del Departamento de Etología de la Universidad Eötvös Loránd (Hungría). Vídeo: Family Dog Project Research Group

 

Estos investigadores matizan que, como las personas, cuando se trata de comida, algunos perros son más exigentes, mientras que otros son más tolerantes. Sin embargo, incluso la comida que quizás no sea la más sabrosa sigue siendo motivadora. A través de dos experimentos, en este estudio demostraron la influencia de la calidad de la comida en la motivación de los perros para resolver un problema, así como sus correspondientes representaciones cerebrales.

En el primer experimento, se entrenó a esos 20 perros para desenvolver una caja. Posteriormente, se les enseñó a asociar tonos específicos con dos tipos distintos de alimentos: jamón cocido, una golosina muy gratificante, y galletas de fibra, una opción menos gratificante.

Finalmente, los perros desenvolvieron una caja mientras sonaba uno de los sonidos y utilizaron el tiempo de desenvolver como medida de su motivación, para obtener el alimento asociado.

Jamón cocido, el alimento preferido

Los resultados demostraron que los perros desenvolvieron la caja más rápido cuando se escuchó el sonido asociado con el alimento de mayor calidad, el jamón cocido.

El segundo experimento involucró a otro grupo de 20 perros entrenados para permanecer quietos en un escáner cerebral. Inicialmente, una sesión de escáner expuso a los perros a ambos sonidos que, en ese momento, no tenían ningún significado.

A continuación, los perros participaron en el experimento de la caja envuelta. Finalmente, se sometieron a otra sesión durante la cual escucharon los sonidos nuevamente pero, esta vez, cada sonido tenía una asociación con jamón cocido o galletas de fibra. Todos reconocieron una clara preferencia por el jamón cocido.

El objetivo del análisis del cerebro se centró en observar cambios en el núcleo caudado, una región del cerebro vinculada al procesamiento de recompensa en todas las especies.

En comparación con la primera sesión, el núcleo caudado mostró una respuesta intensificada en la segunda sesión, respondiendo con más fuerza a ambos sonidos. Los autores del trabajo se sorprendieron al ver que hubo una respuesta aún más pronunciada al sonido asociado con el gratificante jamón codido.

“Si bien investigaciones anteriores se han centrado principalmente en cómo el cerebro del perro responde a las recompensas frente a las no recompensas, nuestro estudio va un paso más allá y profundiza en la representación de dos recompensas alimentarias que varían en calidad. Nuestros hallazgos resaltan que los núcleos caudados no sólo procesan recompensas, sino que también distinguen entre recompensas, según su calidad”, asegura Dorottya Ujfalussy, autora principal del estudio.

Perros y calidad de la comida

Por su parte, Laura V. Cuaya, miembro del equipo, hace hincapié en que cuanto mayor era la discrepancia en la velocidad a la que los perros desenvolvían las dos cajas, más discernibles se volvían sus patrones de respuesta cerebral ante los dos sonidos en su núcleo caudado derecho.

“Es emocionante poder ver cómo los perros representan diferentes alimentos en sus cerebros y observar cómo la calidad de los alimentos influye en su motivación. Nos sorprendió descubrir una clara correlación positiva entre el comportamiento de los perros y sus representaciones cerebrales. La dirección de esta relación todavía nos intriga: según nuestros datos, no podemos determinar si una representación cerebral más distinta de ambos sonidos permite un mejor desempeño conductual o si opera a la inversa. Es probable que este proceso no sea únicamente unidireccional”, termina diciendo.

Este estudio se llevó a cabo de acuerdo a las Directrices Éticas de la Investigación en Hungría; el experimento de comportamiento se realizó con el permiso del Comité Nacional de Ética de Experimentación Animal (NÉBIH Állatkísérleti Tudományos Etikai Tanács).

Asimismo, el experimento de resonancia magnética funcional se realizó en el Departamento de Neurorradiología, Centro de Imágenes Médicas de la Universidad Semmelweis, en Budapest, también con el permiso del Comité Nacional de Ética de Experimentación Animal.

Por último, los dueños se ofrecieron como voluntarios con sus perros para participar en el estudio, sin recibir ninguna compensación monetaria y dieron su consentimiento por escrito. Colaboró la empresa francesa Symrise Pet Food.

 

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