Gustavo Matías: Capital para que las biotech fusionen el mundo analógico con el digital en España

GUSTAVO MATÍAS
Periodista y profesor titular de Estructura y Organización Económica Internacional. Facultad de Económicas y Empresariales UAM

Si la economía empezó cuando la humanidad se lanzó a pulir la piedra y domesticar plantas y otros animales de su entorno, en el neolítico iniciado hace apenas 5.000 años, ahora la biotecnología nos introduce en otro momento aún más trascendental.

Entenderemos mejor las perspectivas y demandas de capital riesgo en este sector español, tema que me pide analice mi viejo colega el director de BIOTECH MAGAZINE & NEWS, José María Fernández-Rúa, si enfocamos ese horizonte de disrupción de la vida que hoy nos presenta la ciencia.

Lo que vemos no es casi nada comparado con lo que vendrá si acertamos a administrar la transición consistente en fusionar nuestro recién iniciado mundo digital con el analógico, dependiente los últimos 4.000 millones de años de una edición genética realizada por selección natural y que se dispone a gestionar la edición artificial inventada por los humanos y su llamada inteligencia artificial.

Ello requiere entender también lo que nos jugamos, pues el capital riesgo llegó, con sus business angels u otras figuras de nuevo cuño, para apoyar a las diversas formas de financiar la innovación, no cubierta por el capital privado, las bolsas de valores y otras de origen público y estatal.

El ‘infolítico’ y su ‘digitalismo’

‘Digitalismo’ (Taurus, 2001).

Hace tres décadas, a finales de los ochenta, para otear las tecnologías de la información emergentes, acuñé el concepto infolítico, enseguida admitido por el Diccionario del uso del español (SM), comparando esta nueva era con el neolítico y el paleolítico por su especial intensidad cuantitativa en información y conocimiento, ambos intangibles.

Para explicar por qué y cómo ese infolítico transformaría el capitalismo mercantil, industrial y financiero en digital, hace dos décadas redacté con José Terceiro el libro Digitalismo (Taurus, 2001), cuando aún no existían como tales las actuales bigtech. Hoy solo la media docena mayores valen más que las 100 primeras empresas del FT100 juntas, incluidas las grandes farmacéuticas o alimentarias, cada vez más embarcadas en lo biotech.

Pese a ello, hasta el Foro de Davos, donde todas ellas se relacionan con reguladores y sociedad civil, fija miopemente los nuevos horizontes en la cuarta revolución industrial o industria 4.0, como si el mundo hubiera empezado con la mecanización de los siglos XVIII y XIX, la electricidad y el fordismo y en tercer lugar por una revolución industrio-digital, que así visto se limitará a poco más que el entorno de Internet de las cosas a conectar con el G-5.

No parecen ver ni prepararse a que las bigtech y sus unicornios están abocadas a entrar en convergencia con las biotech, separa y distancia de aquellas, una vez que nos adentremos en el infolítico y su digitalismo.

Europa, a la sombra de EE UU y China en tecnología

Por un desenfoque similar, la UE, tras diseñar hace 20 años su Estratégia de Lisboa para convertir Europa en una década en la mayor economía del conocimiento global, y errar también cinco años después en su revisión, es una enana tecnológica frente a los EEUU y China, pues apenas tiene una de las 100 mayores digitales.

Eso quizá podría cambiar, pues Europa reúne talento y otras condiciones necesarias, siempre y cuando acierte en atraer el nuevo capital riesgo que le falta, así como en mejorar instituciones imprescindibles, caso de los mercados de valores y la gobernanza de las empresas, según nos recuerda la maltrecha compra de Monsanto por Bayer.

Hoy el mundo biotech, tan dispuesto a explosionar, incluye farmacia y otras industrias, además de la nueva agricultura e infinidad de productos de consumo e inversión, aunque sobre todo servicios arrastrados por el I+D+I, donde también gobiernos y empresas europeas y españolas han de reaccionar bien y a tiempo. Baste recordar que Europa es aún el mayor exportador mundial de agroalimentación (22% de cuota mundial) y España uno de sus principales apoyos, si bien en el total de todo tipo de ventas al resto del mundo la máxima cuota española apenas llegó al 2,2%.

Biotech en España, 600 millones de capital riesgo desde 2018

¿Y cómo está nuestro mercado de capital riesgo en biotech, deberíamos preguntarnos llegados a esa dimensión? En España los últimos 11 años han acumulado una inversión en capital riesgo de 600 millones de euros, según el Informe Asebio 2018 Situación y tendencias del sector de la biotech en España, entre continuas llamadas al optimismo de esta veterana asociación y de otras, muy justificadas entre otras razones por el talento y las condiciones para un gran futuro del sector.

inversion en biotecnologia
Europa reúne talento y otras condiciones necesarias, siempre y cuando acierte en atraer el nuevo capital riesgo que le falta.

Así se vio la semana pasada en el II Investor Day de Asebio, tras reunir el primero más de 55 inversores con 80 empresas, en el Techshare de Euronext. Allí, nueve de las 132 implicadas eran españolas. En otros muchos eventos recientes o próximos del Biocat, o de otros ecosistemas españoles como el vasco o el madrileño, tan pujantes o más que el catalán, solo en 2018 dijo atraer a 106 millones de euros y espera llegar a los 500 en el 2025.

Pero los 600 millones acumulados desde 2018, según Asebio, supondrían menos de una milésima de los cerca de 700.000 estimados desde entonces en los EE UU que, aunque sea el segundo exportador mundial de alimentos, ostenta la mitad de los mercados de capitales mundiales, casi una cuarta parte del PIB mundial y cuotas mayores en los indicadores de I+D+I.

Es de rigor tener estas comparaciones en cuenta si queremos jugar de verdad en este rediseño de la vida animal y vegetal y del mundo inanimado y mineral (biocombustibles, biomateriales, etc). El venture capital, por su naturaleza y función de financiar el mayor riesgo de la búsqueda de la innovación a cambio de participaciones generalmente minoritarias e iniciales junto a las de inventores o promotores, supone más del 95% de los recursos procedentes del mercado.

Y se encuentra frente al private equity (aportaciones de capital en fases de crecimiento o consolidadas, ya generalmente mayoritarias), las IPO (Initial Public Offering u Oferta Pública Inicial de acciones) o las mínimas aportaciones del corporate capital (activos o deuda con derecho a convertirse en acciones).

Talento en ‘biotech’ español esperanzador para el capital

En los EE UU, estas cuatro formas de financiar la synthetic biology apenas alcanzaban al año los 30.000 millones de dólares en el periodo 2010-2013 y, seis años más tarde, se han multiplicado por cinco al aproximarse, según The Economist, a los 150.000 millones de dólares en 2018.

En ese momento, las aportaciones del sector al PIB anual ya rondaban los 400.000 millones de dólares, tras ser estimadas el año 2017 en 137.000 las farmacéuticas, 104.000 las agrarias y en otros 147.000 las industriales, menos visibles o conocidas, pero ya las mayores y más lucrativas. Desde 2008, allí el capital riesgo o venture ha aportado así unos 700.000 millones de dólares.

La milésima aportación comparativa de España al capital riesgo en biotech contrasta, sin embargo, con su talento, que afianza ese futuro esperanzador. Ejemplos no faltan. Estuve presente, como el editor de BIOTECH MAGAZINE & NEWS, hace más de dos años en la entrega de premios de Investigación Biomédica de Fundación Lilly a los científicos Luis Paz-Ares y Francisco Martínez Mojica.

Martínez Mojica y la edición genética

Sin ser catedrático ni usar móvil (era profesor titular de Microbiología), Martínez Mojica protagonizó uno de los mayores avances de la historia al descubrir que las bacterias cuentan con un método para inmunizarse frente a virus invasores y, a partir de ahí, nombró CRISPR a una herramienta de edición genética en organismos vivos que, nos explicó, tiene aplicaciones infinitas en el campo de la salud, aunque también en muchos otros.

Francisco Martínez Mojica
Martínez Mojica protagonizó uno de los mayores avances de la historia al descubrir que las bacterias cuentan con un método para inmunizarse frente a virus invasores. Foto: Universidad de Alicante

Lo cuenta también Eric Lander, director del Broad Institute del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Los héroes de CRISPR al repasar la trayectoria de 12 científicos claves en su desarrollo. El primero de ellos, Mojica (Elche, 1963), profesor de Microbiología en la Universidad de Alicante que ya hace casi cuatro años vivía la revolución genómica CRISPR “con agobio y felicidad”. “Aún ignoramos qué función cumplen todas las páginas del libro de instrucciones de la vida”, declaraba este precursor español de la revolucionaria técnica de corta-pega genético, aún sin Nobel, quizá por ser español.

Otros también iberoamericanos relevantes en este campo reconocen que sin él “la edición genética no existiría”, como el argentino Luciano Marraffiniy, quien mantiene que “la edición genética de humanos va a ocurrir”. Pero antes de que vivamos ese derrotero del corta, pega y colorea genético conviene recordar, como hacían los clásicos romanos, que aún somos mortales y “una vez democratizada, la edición genética puede huir de la Unión Europea“, como advierte el biólogo molecular Lluís Montoliu, quien narra el pasado, presente y futuro de la edición genética en su nuevo libro.

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