Conexión Parkinson-intestino
Según la investigación, es posible detectar la proteína alfa-sinucleína en el intestino hasta 20 años antes de confirmar la enfermedad de Parkinson.

En 2003, un neuropatólogo alemán propuso que la enfermedad de Parkinson podría originarse en el intestino de los pacientes. Ahora un equipo de investigadores daneses de la Universidad de Aarhus ofrecen la evidencia decisiva para apoyar esa teoría en un estudio con animales de laboratorio, publicado en Acta Neuropathologica.

La enfermedad de Parkinson se caracteriza por destruir lentamente el cerebro debido a la acumulación de la proteína alfa-sinucleína y el daño posterior a las células nerviosas. La enfermedad produce temblores, rigidez muscular y movimientos lentos característicos de estos pacientes. En el nuevo proyecto de investigación, los científicos utilizaron ratas de laboratorio genéticamente modificadas que sobreexpresan grandes cantidades de la proteína alfa-sinucleína.

Estas ratas tienen una mayor propensión a acumular variedades dañinas de esa proteína y desarrollar síntomas similares a los observados en pacientes con Parkinson. Los investigadores iniciaron el proceso inyectando alfa-sinucleína en el intestino delgado de las ratas. El profesor Per Borghammer explica que después de dos meses, vieron que la alfa-sinucleína había viajado al cerebro a través de los nervios periféricos con la participación de aquellas estructuras que se sabe que están afectadas en relación con la enfermedad de Parkinson en humanos.

Síntomas en el intestino 20 años antes del diagnóstico de Parkinson

El profesor Borghammer explica que los pacientes con enfermedad de Parkinson a menudo ya tienen un daño significativo en su sistema nervioso en el momento del diagnóstico, pero es posible detectar la proteína alfa-sinucleína en el intestino hasta 20 años antes de confirmar que padecen la enfermedad.

Este estudio danés también demostró que la alfa-sinucleína no solo viaja desde los intestinos al cerebro, sino también al corazón. “Durante muchos años –dice este investigador-, supimos que los pacientes con Parkinson tienen dañado el corazón, y que ocurre temprano. Simplemente nunca pudimos entender por qué. Nuestro trabajo demuestra que el corazón sufre daño muy rápidamente, a pesar de que la patología comienza en el intestino”.

Para dimensionar el alcance de este estudio, bastan las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre el mal de Parkinson. Actualmente afecta a una de cada cien personas mayores de 60 años. Se calcula que son unos siete millones los pacientes de Parkinson en el mundo y se prevé que para 2030 esta cifra totalizará los doce millones de enfermos.

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