Ya hay vacuna para la fiebre de Lassa
Micrografía electrónica de transmisión (TEM) de varios viriones de virus Lassa adyacentes a algunos restos celulares. El virus, miembro de la familia de virus Arenaviridae, causa fiebre de Lassa. Fuente: Biblioteca de imágenes de salud pública CDC. Foto: C. S. Goldsmith

La fiebre de Lassa, endémica en África occidental, se cobra la vida de entre 5.000 y 6.000 personas cada año. Dada la urgencia de la situación, los científicos de la Unidad de Biología de Infecciones Virales Emergentes y la Unidad de Genómica y Vacunación Viral del Instituto Pasteur evaluaron la eficacia de varios candidatos a vacunas.

Después de sus análisis, identificaron una de estas vacunas, basada en la plataforma del sarampión, como la más efectiva para ingresar a las pruebas clínicas en personas lo antes posible.

La fiebre de Lassa, una fiebre hemorrágica causada por el virus de Lassa (LASV), es responsable de varios miles de muertes en países endémicos de África occidental cada año. El reservorio natural del virus es un roedor peridoméstico que vive cerca o dentro de los hogares, por lo que son frecuentes los contactos entre las personas y el reservorio infectado en las aldeas. Las personas generalmente se infectan al ingerir o inhalar material contaminado con la excreta del animal (orina o heces).

El diagnóstico temprano de la fiebre de Lassa es difícil de establecer porque los primeros síntomas son inespecíficos (fiebre, vómitos y náuseas) y, actualmente, no hay tratamiento. Por lo tanto, la vacunación de las poblaciones afectadas es la estrategia más prometedora para tratar los brotes recurrentes de esta enfermedad.

Fiebre de Lassa, una amenaza epidémica

Recordemos que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha incluido la fiebre de Lassa en su lista de amenazas epidémicas que necesitan acciones urgentes de I+D.

Para Frédéric Tangy, jefe de la Unidad de Genómica y Vacunación Viral del Instituto Pasteur, “en lo que respecta a las vacunas, todo el trabajo fácil ya se ha hecho y el trabajo más difícil aún no se ha completado. La investigación fundamental es vital para el desarrollo de nuevas soluciones”.

Para abordar este desafío de salud pública, los científicos del Instituto Pasteur han desarrollado y probado varias vacunas. Los resultados de su investigación se han publicado Science Translational Medicine.

“El objetivo de este estudio era identificar la mejor vacuna potencial para la fiebre de Lassa. Queríamos una vacuna que ofreciera protección después de una sola inyección para que pudiera usarse en el contexto urgente de un brote”, explica Mathieu Matéo, autor principal del estudio.

Los científicos utilizaron dos plataformas de vacunas basadas en virus vivos atenuados y modificados para expresar antígenos LASV: una cepa de vacuna recombinante contra el sarampión, desarrollada por Frédéric Tangy, que ya había producido resultados muy positivos en clínica, ensayos para chikungunya y un virus Mopeia recombinante, estrechamente relacionado con el virus Lassa pero no patógeno para las personas, que fue genéticamente hiperatenuado por los científicos.

Protección después de una sola dosis

Mathieu Matéo recuerda que “comparamos la eficacia de estas vacunas para prevenir la infección por LASV en un modelo animal preclínico. Las vacunas fueron bien toleradas e indujeron protección contra la fiebre de Lassa después de una sola dosis, pero con diferentes niveles de eficacia”.

Una comparación de las respuestas inmunitarias después de la infección demostró que la mejor protección estaba asociada con las respuestas inmunitarias tempranas de las células T y B dirigidas contra varias proteínas del virus Lassa.

Los análisis realizados en muestras tomadas después de la vacunación también sugieren que la inducción temprana de la inmunidad innata y la activación de las células T inmunes desde solo dos días después de la inmunización se correlaciona con una protección eficiente.

“La vacuna más eficaz, la basada en la plataforma de vacuna contra el sarampión que expresa los antígenos LASV, se seleccionó recientemente por la CEPI (Coalition for Epidemic Preparedness Innovations) para participar en ensayos clínicos en humanos a finales de año”, concluye Sylvain Baize, responsable de la Unidad de Biología de las Infecciones Virales Emergentes y también participante en este estudio.

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