Nuevo test para diagnosticar la enfermedad de Lyme
En la Universidad estadounidense de Tufts han identificado un área de prueba clave que podría ayudar a los médicos a diagnosticar antes la enfermedad de Lyme y determinar la eficacia de los tratamientos. En la imagen, una garrapata de patas negras, que transmite la enfermedad. Foto: CC 4.0/Erik Karits

Una novedosa prueba diagnóstica y, al mismo tiempo, que mide la eficacia de los tratamientos para combatir la enfermedad de Lyme la han logrado en la Universidad de Tufts, en Boston (EE UU). Esta enfermedad, producida por garrapatas, afecta a numerosos estados del país. También se registran casos en Europa y en Asia.

Tres biólogos moleculares de Tuffs explican en un estudio experimental, que aparece hoy en Journal of Clinical Investigation, cómo han logrado detectar un tipo de anticuerpo que producen las personas infectadas contra una sustancia que la bacteria de Lyme adquiere del huésped para crecer.

El profesor Linden Hu, junto con Peter Gwynne (primer firmante del estudio) y Lucas Clendenen, integran este equipo de especialistas en Biología Molecular y Microbiología. Creen que las pruebas para detectar estos autoanticuerpos (que atacan y reaccionan por error con los propios tejidos u órganos de la persona infectada) podrían proporcionar a los médicos una forma de diagnosticar la enfermedad antes, además de saber si el tratamiento con antibióticos está funcionando e identificar a los pacientes que se han reinfectado.

Si bien existen pruebas para detectar la enfermedad de Lyme, tienen limitaciones, como señala Peter Gwynne. “Las pruebas tradicionales de Lyme -matiza- pueden permanecer positivas durante períodos prolongados después del tratamiento, años o incluso toda la vida. Como resultado, para algunas personas que sufren síntomas que se asemejan a una infección de la enfermedad a largo plazo, los clínicos nunca están seguros de si el paciente tiene este mal de forma persistente, si se curó y luego se volvió a infectar, o si se curó y sufre otra enfermedad”.

Primeros casos de enfermedad de Lyme

Como aparece en el manual MSD, la enfermedad de Lyme se reconoció en 1976 cuando se detectó un grupo de casos en la localidad de Lyme (Connecticut) y es actualmente la enfermedad asociada con garrapatas informada con más frecuencia en Estados Unidos. Se ha registrado en 49 estados, pero más del 90% de los casos se produce entre Maine y Virginia, así como en Wisconsin, Minnesota y Michigan.

En la costa oeste, la mayoría de los casos ocurren en el norte de California y Oregón. La enfermedad de Lyme también aparece en Europa, en toda la ex Unión Soviética y en China y Japón.

En Estados Unidos, la enfermedad de Lyme la causa principalmente Borrelia burgdorferi y, en menor medida, B. mayonii, que recientemente se ha encontrado en estados del medio oeste y en el norte del país.

En Europa y Asia, la causa principalmente B. afzelii, B. garinii, y B. burgdorferi. Suele aparecer en el verano y a principios del otoño. La mayoría de los casos afecta a niños y adultos jóvenes que viven cerca de zonas boscosas.

El investigador Gwynne explica que “comenzamos este trabajo actual para aprender cómo Borrelia burgdorferi adquiere nutrientes clave, como grasas, para el crecimiento. La bacteria de Lyme, a pesar de ser un patógeno muy hábil, depende mucho más que otras bacterias de adquirir nutrientes de su entorno”.

En este punto, el profesor Hu, uno de los mayores especialistas en la enfermedad, puntualiza que la bacteria “toma grasas, llamadas fosfolípidos, directamente de su entorno en el huésped y las coloca en su superficie. Este hallazgo nos llevó a buscar si el uso directo de una grasa huésped por parte de la bacteria podría hacer que el sistema inmunitario la reconozca como una sustancia extraña y cree anticuerpos contra ella”.

Autoanticuerpos con fosfolípidos

Estos científicos descubrieron que tanto los animales como las personas infectadas con la bacteria de Lyme desarrollaron autoanticuerpos contra múltiples fosfolípidos. Debido a que los autoanticuerpos pueden dañar al huésped, están estrictamente regulados y tienden a desaparecer rápidamente una vez que se elimina el factor estimulante.

El profesor Hu puntualiza que “los anticuerpos también parecen desarrollarse mucho más rápido que los tradicionales contra la bacteria Lyme, probablemente porque su cuerpo ha creado previamente estos autoanticuerpos y los ha regulado a la baja”.

Si bien las pruebas actuales dificultan el diagnóstico de la reinfección o el tratamiento con éxito, «los autoanticuerpos antifosfolípidos, debido a su rápido aumento y rápida resolución con el tratamiento, pueden llenar estos vacíos como nueva prueba adicional», subraya Gwynne.

Una cuestión para la que aún no hay respuesta es si estos autoanticuerpos pueden identificar un subconjunto de pacientes que desarrollarán síntomas persistentes después del tratamiento.

Hasta el 20% de estos pacientes pueden desarrollar síntomas persistentes. Actualmente, el diagnóstico es únicamente por síntomas clínicos, por lo que es probable que se agrupen pacientes con diferentes causas de sus síntomas. Y, si eso sucede, es poco probable que los ensayos de tratamiento en pacientes con enfermedad de Lyme persistente muestren beneficios.

Como recuerda el profesor Hu, “los anticuerpos antifosfolípidos se ven comúnmente en enfermedades autoinmunes como el lupus y se asocian con coágulos de sangre e inflamación persistente que causa otras enfermedades. Muchos de los síntomas persistentes son similares a las enfermedades autoinmunes”.

Así las cosas, opina que “si termina habiendo un vínculo entre los síntomas de Lyme persistentes y estos autoanticuerpos, sería la primera prueba que podría usarse para distinguir un grupo de pacientes que tienen forma persistente. Nos permitiría probar nuevas terapias específicas dirigidas a un mecanismo definido”.

¿Quién puede contraer la enfermedad de Lyme?

A cualquiera nos puede picar una garrapata. Pero corren un mayor riesgo aquellos que pasan mucho tiempo al aire libre en áreas boscosas y cubiertas de hierba.

Según MedlinePlus, la mayoría de las picaduras de garrapatas ocurren en los meses de verano, cuando están más activas y las personas pasan más tiempo al aire libre. Pero también pueden aparecer en los meses más cálidos de principios de otoño o incluso a finales del invierno, si las temperaturas son inusualmente altas. Además, si un invierno es especialmente templado, las garrapatas pueden aparecer antes de lo habitual.

Los primeros síntomas comienzan entre tres y 30 días después de que una garrapata infectada pica. Los síntomas pueden incluir un sarpullido rojo llamado eritema migratorio. Se hace más grande durante varios días y puede sentirse caliente al tacto. Por lo general, no es doloroso ni pica. A medida que comienza a mejorar, algunas partes pueden aclararse.

Si la infección no se trata, puede extenderse a las articulaciones, el corazón y el sistema nervioso. Los síntomas pueden incluir: dolores de cabeza severos y rigidez en el cuello, sarpullidos adicionales en otras áreas del cuerpo, parálisis facial, artritis con dolor intenso en las articulaciones e hinchazón, especialmente en las rodillas y otras articulaciones grandes, dolor que aparece y desaparece en los tendones, músculos, articulaciones y huesos, palpitaciones del corazón, latido cardíaco irregular (carditis de Lyme), episodios de mareos o dificultad para respirar, inflamación del cerebro y la médula espinal, dolor de los nervios y aparición de dolores punzantes, entumecimiento u hormigueo en manos o pies.

Por último, la enfermedad de Lyme se trata con antibióticos. Los expertos hacen hincapié en que cuanto antes se trate, mejor para el paciente, ya que le ofrece una buena oportunidad de recuperarse completamente en breve tiempo.

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