Nueva divulgación científica: puro arte
La hamburguesa es uno de los alimentos favoritos para los estadounidenses, pero los orígenes de los ingredientes comunes de esta comida son tan diversos como la población de EE UU. Las hamburguesas de carne se sirvieron por primera vez en la ciudad alemana de Hamburgoy. Aparecieron en los menús de la ciudad de Nueva York ya en la década de 1870 gracias a los inmigrantes alemanes. Gráfico: Álvaro Valiño, Kelsey Nowakowski y Colin Khoury

Un estudio publicado en Communications Biology revela cómo las nuevas tecnologías, las nuevas audiencias y las nuevas formas de comunicación hacen que el arte de los gráficos sofisticados y de alta calidad sea cada vez más importante para la divulgación científica.

Supongamos que usted es un científico que estudia los orígenes y la historia de los alimentos y desea comunicar al mundo sus hallazgos sobre que la hamburguesa, incluyendo las patatas fritas, no contiene un solo ingrediente que originalmente provenga de Estados Unidos.

Podría publicar un artículo en una revista con peer review, redactar un comunicado de prensa o llevarlo a Twitter para informar sobre su trabajo a sus cientos de devotos seguidores.

Pero también podría unirse a un diseñador gráfico profesional y mapear los orígenes de los ingredientes en una atractiva pantalla de infografía y, al publicarla, podría llegar a un público mucho más amplio.

Estrecha colaboración del mundo del arte en la divulgación científica

Esto es exactamente lo que hizo Colin Khoury, del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT). Y comunica sus hallazgos quizá incluso mejor que a través de los canales de comunicación convencionales que utilizan los científicos. Ahora, Khoury y sus colaboradores en las principales universidades están alentando a sus colegas científicos a adoptar el diseño gráfico como un activo serio en los esfuerzos de comunicación científica.

En su opinión, “las representaciones visuales de los hallazgos científicos no son algo nuevo. De hecho, se hace desde hace cientos de años, especialmente desde que las revistas científicas comenzaron a publicar estudios”.

Sin embargo, como apunta en su trabajo publicado en Communications Biology, “las nuevas tecnologías, las nuevas audiencias y las nuevas formas de comunicación están haciendo que los gráficos sofisticados y de alta calidad sean cada vez más importantes. Y las colaboraciones con profesionales acreditados son la forma más productiva de crearlos”.

mapa mundial del origen de los alimentos
Infografía: Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT)

Para probar la eficacia de las colaboraciones entre científicos y artistas gráficos, Khoury y su equipo combinaron seis laboratorios de investigación que trabajan en desafíos alimentarios y agrícolas socialmente relevantes con diseñadores gráficos y creadores de contenido de medios.

Además de la investigación sobre los orígenes de los alimentos, abordaron temas complejos relacionados con los polinizadores y las amenazas a la biodiversidad, el fitomejoramiento moderno, el desarrollo agrícola y el cambio en el uso de la tierra, así como las nuevas tecnologías en la agricultura.

Identificando audiencias y aclarando mensajes

Las colaboraciones comenzaron cuando se les solicitó a los científicos que definieran su público objetivo. “El público en general” no fue una respuesta aceptable. Para explicar la importancia de los polinizadores y la biodiversidad, los equipos finalmente identificaron al público objetivo como “hablantes de inglés y español ya interesados en la conservación de la biodiversidad”, lo que condujo a una infografía relativamente detallada con versiones en los dos idiomas.

“Ver la ciencia a través de los ojos de un artista gráfico desafió mi proceso de pensamiento sobre cómo reducir los mecanismos complejos a una forma más accesible”, reconoce Michael Gore, investigador de la Universidad de Cornell que colaboró en una infografía sobre cómo aprovechar las nuevas tecnologías para mejorar los cultivos agrícolas.

La comunicación científica en general está ampliando y rompiendo barreras entre científicos y público, y las infografías se han convertido en la corriente principal”, destaca Yael Kisel, artista que vive en la localidad californiana de San José y que trabajó en la infografía de polinizadores.

Los investigadores y diseñadores identificaron colectivamente una serie de pasos para hacer de las asociaciones científico-artista algo común en la agenda de comunicación de la investigación. Alientan a las instituciones de investigación a hacer del diseño gráfico un componente sustantivo de los equipos de comunicación.

Para Ari Novy, presidente del Jardín Botánico de San Diego y director de este estudio, “si una imagen vale más que mil palabras, una infografía basada en una investigación científica vale, al menos, un millón“.

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