Killi, el pez que se adapta a la contaminación
Los killis del Atlántico como este se han adaptado a niveles de contaminación altamente tóxicos. Foto: Andrew Whitehead / UC Davis

El pez killi del Golfo de la bahía estadounidense de Galveston, en Texas, estaba casi condenado a la extinción local causada por la contaminación de la actividad humana, que transformó su hogar en una sopa tóxica. Pero sobrevivió gracias a la introducción accidental de un pez invasor armado genéticamente con rasgos resistentes a la contaminación.

Tras el intercambio de genes con este invasor, el pez killi del Golfo desarrolló la capacidad de permanecer en aguas de una región del golfo de México, contaminadas por la actividad industrial durante unos 60 años.

Los resultados sugieren que la conectividad entre especies y la hibridación pueden desempeñar un importante papel en la adaptación a los cambios medioambientales extremos y rápidos provocados por la actividad humana.

Sin embargo, las mutaciones aleatorias surgen lentamente y los cambios rápidos en los entornos a menudo conducen a presiones selectivas extremas y a disminuciones de la población, algo que puede reducir la variación genética necesaria para la adaptación.

La contaminación no pudo con el pez killi

Esto deja la pregunta abierta sobre si las especies pueden evolucionar lo suficientemente rápido como para sobrevivir a los rápidos y profundos impactos medioambientales que producimos.

No obstante, en una bahía muy contaminada a lo largo de la costa del golfo de Texas, repleta de productos químicos industriales que causan deformaciones cardíacas en los peces, el pez killi del Golfo (Fundulus grandis) permanece y parece haber desarrollado rápidamente una resistencia adaptativa a los letales productos tóxicos del área.

Según explica en Science el investigador búlgaro Elias Oziolor, coordinador del equipo de investigadores que trabajan en el Centro de Investigación de Reservorios y Sistemas Acuáticos (CRASR) de la Universidad de Baylor, utilizaron análisis genómicos y poblacionales experimentales para comprender mejor la naturaleza molecular de estas adaptaciones a la contaminación y cómo el pez killi del Golfo las pudo adquirir con tanta rapidez.

Hibridación accidental de material genético de otra especie

Oziolor y sus colaboradores identificaron la selección en regiones genómicas con genes de los que se sabe que están asociados a la resistencia tóxica. Sin embargo, los resultados sugieren sorprendentemente que estas adaptaciones probablemente tienen que ver con la reciente hibridación accidental de material genético de otra especie, el pez killi del Atlántico (Fundulus heterolitus).

Dado que la población más cercana de peces killi del Atlántico se encuentra a más de 2.500 kilómetros de distancia, los autores sugieren que llegaron a la región de la mano del hombre, probablemente en el agua de lastre de un barco o en el transporte de cebo.

No obstante, la hibridación con especies invasoras también conlleva riesgos, según un artículo de Karin Pfenning, de la Universidad de Carolina del Norte, en Perspective. “En última instancia -subraya-, todavía tenemos que aclarar las condiciones en las que la hibridación disminuye la biodiversidad en lugar de aumentarla en un mundo que cambia rápidamente”.

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