Definiendo la progeria
La progeria es una enfermedad infantil con síntomas que se asemejan al envejecimiento acelerado. Muchos pacientes afectados mueren de enfermedades cardíacas provocadas por vasos sanguíneos debilitados antes de los 14 años. Una única mutación puntual aleatoria es responsable de los pocos cientos de casos de progeria conocidos en el mundo hoy. Foto: Progeria Research Foundation

Un equipo interdisciplinar de investigadores de la Universidad de Copenhague y de una empresa privada ha definido la progeria, una serie de enfermedades de envejecimiento prematuro. Al mismo tiempo han desarrollado herramientas que permiten el diagnóstico de los pacientes.

Como se detalla a lo largo del estudio observacional que difunde Aging, la doctora Cecilia Worm, del Departamento de Biología Molecular de la Universidad de Copenhague (Dinamarca) y primera autora, compiló una lista de síndromes progeroides conocidos y calculó la prevalencia media de sus fenotipos asociados, definiendo lo que denominan fenómeno de progeria. En la investigación también participaron especialistas de la empresa Insilico Medicine.

Definiendo la progeria
Descripción general del síndrome progeroide. Imagen: Worm et al.

Es bien conocido por los expertos que los trastornos progeroides son un grupo heterogéneo de síndromes hereditarios raros y complejos que se presentan con fenotipos pleiotrópicos asociados con el envejecimiento normal.

Debido a la gran variación en la presentación clínica, las enfermedades plantean un desafío diagnóstico para los clínicos que, en consecuencia, restringe la investigación biomédica.

Estos científicos utilizaron los datos para adiestrar una máquina de vectores de soporte, disponible y capaz de clasificar progerias según fenotipos.

“Además -explican-, esto nos permitió investigar la correlación de los síndromes progeroides y los síndromes con diversas patogénesis utilizando algoritmos de agrupamiento jerárquico y redes de enfermedades”.

Así, detectaron que el trastorno similar a la ataxia-telangiectasia 2, la paraplejía espástica 49 y el síndrome de Meier-Gorlin tienen una fuerte asociación con los síndromes progeroides, “lo que implica que los síndromes son progerias no reconocidas previamente”, matizan.

En conclusión, este trabajo ha proporcionado herramientas para evaluar la probabilidad de que un síndrome o un paciente sea progeroide. “Es un paso considerable hacia nuestra comprensión de lo que constituye un trastorno de envejecimiento prematuro y cómo diagnosticarlo”, concluyen.

Progeria e inestabilidad del genoma

El primer caso de una enfermedad que mostraba signos de envejecimiento prematuro lo informó el dermatólogo Moritz Kaposi, quien describió el síndrome xeroderma pigmentoso en 1874.

Presentó informes de casos de varios individuos jóvenes que padecían anomalías cutáneas graves, comúnmente asociadas con el envejecimiento de la piel. En 1886, el doctor Jonathan Hutchinson describió una enfermedad que mostraba signos de envejecimiento prematuro en un niño de tres años y medio que presentaba “un aspecto muy peculiar y de anciano”.

Proporcionó además una descripción detallada de las características fenotípicas del niño, incluyendo una cabeza grande, fontanela anterior abierta, cuero cabelludo y piel finos, falta de grasa subcutánea, alopecia, venas prominentes y atrofia muscular.

Debido a la sorprendente superposición con el envejecimiento normal, el doctor Hastings Gilford introdujo el término progeria (en griego, prematuramente viejo) y más tarde el síndrome se denominó síndrome de Hutchinson-Gilford Progeria.

Desde entonces, se han identificado varios síndromes progeroides y la información procedente de la comprensión de sus patogénesis ha demostrado ser de gran valor en la investigación del envejecimiento normal.

En este punto, por ejemplo, la identificación de que la pérdida de reparación del ADN en múltiples enfermedades conduce al envejecimiento prematuro ha contribuido a agregar la inestabilidad genómica como característica distintiva del envejecimiento.

Sorprendentemente -subrayan estos científicos-, casi todas las progerias se asocian con la inestabilidad del genoma, mientras que la pérdida de otras características en general no se ha considerado que conduzca a un fenotipo de progeria.

Sin embargo, lo que constituye una progeria no estaba bien definido y existían pocas herramientas para identificarlo. Además, estas enfermedades son generalmente difíciles de diagnosticar debido a las grandes variaciones en la presentación clínica. En particular, la secuenciación completa del exoma sólo conduce al diagnóstico en entre el 30 % y el 50% de los pacientes.

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