Cuestionan las propiedades antimicrobianas de la seda de araña
En la literatura científica figuran informes contradictorios sobre si la seda de araña tiene o no propiedades antimicrobianas. Foto: Ada K

Las supuestas propiedades antimicrobianas de la seda de araña han sido anuladas en las conclusiones de un estudio de científicos daneses de la Universidad de Aarhus. En sus conclusiones, que aparecen hoy en iScience, editada por Cell Press, se desacredita este mito.

La profesora Tina Bilde, autora principal de este estudio, reconoce que la seda de araña ha sido admirada siempre y “casi tiene un estatus mítico”. En la antigua Roma, se empleaba como remedio para tratar lesiones cutáneas y verrugas. Con el tiempo, se utilizaron las telarañas para cubrir las heridas abiertas e incluso se decía que acababa con las infecciones en la boca.

Esta imagen muestra la extracción de seda de Nephila edulis utilizando un aparato mecánico LEGO. Foto: Simon Fruergaard

En la literatura científica figuran informes contradictorios sobre si la seda de araña tiene o no propiedades antimicrobianas. Ahora, estos investigadores han revisado los ya viejos experimentos, para desacreditar el mito de que la seda de araña es un antibiótico. Se trata de esos mitos -añade la profesora Bilde- que “parecen haberse establecido por creencias y no por un fuerte apoyo empírico”.

En este trabajo que recibió apoyo de la Fundación Novo Nordisk, se recuerda que desde que se difundieron las supuestas propiedades antimicrobianas de la seda de araña, los investigadores han propuesto formas para que estos artrópodos pudieran beneficiarse, ya que algunas clases han debilitado su sistema inmunológico debido a la endogamia, por lo que son especialmente vulnerables a las infecciones.

Deficiencias metodológicas en estudios anteriores

La profesora Bilde detalla que no pudieron detectar la actividad antimicrobiana de la seda de araña social, independientemente del método o microbio, “y esto nos hizo sentir curiosidad por saber por qué otros estudios pudieron hacerlo. Luego comenzamos a examinar los artículos que trataban sobre la actividad antimicrobiana con gran detalle y nos dimos cuenta de las deficiencias metodológicas de estos trabajos”.

El acetato de etilo inhibe el crecimiento bacteriano. Foto: Simon Fruergaard

Así, este equipo de científicos identificó dos categorías de deficiencias en la literatura ya publicada: riesgo de contaminación bacteriana y control inadecuado del solvente utilizado para extraer la seda de araña.

Demostraron que los informes anteriores probablemente se vieron comprometidos, por ejemplo, al haber medido el efecto del solvente utilizado para extraer la seda de araña en lugar de la seda de araña en sí. Los disolventes como la acetona o el acetato de etilo pueden tener fuertes efectos antimicrobianos por sí solos.

Concretamente, el equipo de la profesora Bilde examinó la seda de siete especies de arañas diferentes, utilizando métodos experimentales mejorados y no encontró signos de actividad antimicrobiana.

Sin embargo, matiza que esto no descarta la actividad antimicrobiana para todas las especies de arañas, pero pone en duda todos los informes anteriores.

Seda de araña artificial

En el siglo XVIII, a Bon de Saint-Hilarie se le ocurrió la idea de explotar comercialmente las telarañas para fabricar medias y mitones. Para ello dividió los arácnidos en grupos de 50 y 100 animales, perfectamente acotados, con dotaciones enormes de moscas y otros insectos para su alimentación. Al cabo de los días, Saint-Hilarie se dio cuenta del error. Al estar acinadas, las arañas se habían comido unas a otras.

Desde entonces, se han producido numerosos intentos de conseguir, masivamente, seda de las arañas, porque un hilo de esta naturaleza puede soportar un peso mayor que un cable de acero de dimensiones parecidas y aguantar la tensión de un viento huracanado al estirarse hasta un 40% por encima de su longitud original.

Así, en 1995, científicos norteamericanos lograron un producto que se podría calificar como seda de araña artificial. Según publicaba Science, se trataba de un nuevo material tan flexible como el algodón y mucho más resistente que el acero.

La doctora May R. Berenbaum, de la Universidad de Illinois, utilizó técnicas de ingeniería genética para sintetizar, de forma artificial, esta fibra. En su obra Bugs in the system detalla este complicado proceso.

Como explicaba la científica, “la energía absorbida por la estructura de la tela no solo la protege de la ruptura, sino que también impide que las víctimas potenciales de la araña sean catapultadas fuera de su mortal trampa”.

Siguen sin despejarse numerosas incógnitas porque, según los especialistas, las características de esta seda artificial pueden cambiar ya que hay más de 2.500 especies de arañas diferentes solo en el continente americano.

Y no se debe olvidar que, dentro de una especie de estos arácnidos, algunas fabrican hasta seis tipos de seda, cada una con propiedades físicas y químicas características.

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