La sandía se comía en el antiguo Egipto
Sandías representadas en las paredes de al menos tres tumbas egipcias antiguas. Cortesía de Renner, Perez-Escobar, Silber, Nesbitt, Preick, Hofreiter, Chomicki

Fueron las pinturas de las tumbas de Egipto las que convencieron a Susanne S Renner, profesora honorífica de biología en Artes y Ciencias en la Universidad de Washington, de que los egipcios comían pulpa de sandía fría. Un nuevo estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences reescribe ahora los orígenes de estos frutos domesticados.

Utilizando ADN de plantas cultivadas en invernadero que representan todas las especies y cientos de variedades de sandía, los científicos descubrieron que las sandías probablemente provenían de los progenitores de cultivos silvestres en el noreste de África.

El estudio corrige un error de 90 años que agrupaba las sandías en la misma categoría que el melón cidra sudafricano. En cambio, los investigadores encontraron que una forma sudanesa con pulpa blanquecina no amarga, conocida como melón Kordofan (C. lanatus), es el pariente más cercano de las sandías domesticadas.

La investigación genética es coherente con pinturas de tumbas egipcias recientemente interpretadas que sugieren que la sandía pudo consumiese en el valle del Nilo como postre hace más de 4.000 años.

Distribución de especies de Citrullus, muestras arqueológicas e ilustraciones de sandía en el Antiguo Egipto. Renner

“Basándonos en el ADN, descubrimos que la sandía como la conocemos hoy, con pulpa dulce y a menudo roja, que se puede comer cruda, era genéticamente más cercana a las formas silvestres de África occidental y noreste de África”, afirma Susanne S Renner.

Renner es una bióloga evolutiva que se ha unido recientemente a la Universidad de Washington después de 17 años trabajando como profesora en la Universidad Ludwig Maximilian, en Munich, Alemania, donde también fue directora del Jardín Botánico y el herbario de Munich. Su laboratorio se ha centrado en melones y pepinos y, en los últimos 10 años, en sandías y calabazas amargas.

Sandía en Egipto

La información genética de este estudio, completada con colegas del Departamento de Agricultura de EE UU, el Real Jardín Botánico de Kew, en Londres, y la Universidad de Sheffield, podría ser útil para desarrollar un cultivo de sandía más resistente a las enfermedades.

“La sandía de hoy proviene de un grupo genético muy pequeño y es altamente susceptible a enfermedades y plagas de insectos, incluidos varios mohos, otros hongos, virus y nematodos [gusanos]”, explica Renner. “Hasta ahora, encontramos variaciones en tres genes de resistencia a enfermedades entre el melón Kordofan y la sandía domesticada. Los cultivadores podrían usar estos y otros conocimientos del genoma”.

Pero algunas de las mejores conclusiones de este estudio tienen que ver con la movilidad de personas y sus conexiones culturales. “Fueron las pinturas de las tumbas egipcias las que me convencieron de que los egipcios estaban comiendo pulpa de sandía fría. De lo contrario, ¿por qué colocar esas frutas enormes en bandejas planas junto a las uvas y otras frutas dulces?”.

En efecto, la propia Renner presentó, en 2019, un estudio realizado con restos de una hoja descubierta en una tumba egipcia en el siglo XIX. Con ayuda de avanzadas técnicas de secuenciación de ADN, su entonces equipo de la Universidad de Munich concluía que se trataban de residuos de sandía.

Aseguraban que hace más de 3.500 años los egipcios ya consumían esta fruta, que incluso estaba dibujada en tres tumbas con momias encontradas también hace 200 años.

Los datos recogidos entonces apuntaban a que el antiguo melón estaba estrechamente relacionado con una dulce sandía con carne blanca aún cultivada en la región de Darfur, en Sudán. En este sentido, sugerían que la sandía la cultivaron primero granjeros en esta región y luego se extendió hacia el norte a lo largo del Nilo.

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