
El análisis genético de Jonathan, el animal terrestre más antiguo del mundo, realizado en EE UU y en la Universidad británica de Cambridge, revela el secreto de su longevidad (194 años). Se trata de una tortuga gigante de Aldabra (Aldabrachelys gigantea) que llegó a las islas Seychelles hace 144 años, como regalo para el gobernador. Se cree que nació en 1832, lo que la sitúa en la época de Charles Darwin y la reina Victoria.
En Science Advances se recoge el estudio experimental en el que los investigadores que estudian a esta tortuga afirman que no se trata solo de buenos genes, sino también de la ausencia de desgaste genético, lo que le ha permitido vivir durante casi dos siglos.
En este estudio, los científicos han identificado un total de 287 variantes génicas únicas que reducen los efectos habituales del envejecimiento. Estas variantes controlan procesos clave del organismo como la reparación del daño en el ácido desoxirribonucleico (ADN), la reducción de la inflamación, la regulación de la insulina y la supresión del cáncer.
Este equipo también comparó su epigenoma -los interruptores de activación/desactivación de sus genes- con los de tortugas gigantes más jóvenes de la misma especie. Sorprendentemente, descubrieron que los interruptores que controlan los genes de reparación del ADN y metabolismo de Jonathan eran muy similares a los de sus parientes más jóvenes.
Normalmente, el epigenoma cambia con el tiempo, contribuyendo al proceso de envejecimiento; esta es una razón clave por la que las cosas empiezan a ir mal en cuerpos más antiguos.
Reguladores génicos de Jonathan
Este estudio, liderado por investigadores de la Fundación Kallel, organización sin ánimo de lucro de investigación sobre longevidad en Estados Unidos, marca la primera vez que se investiga el epigenoma de una tortuga gigante. Para estos científicos, “descifrar el código genético de una vida de varios siglos ofrece una visión sin precedentes sobre la esperanza de vida extrema”.
Como explica el doctor Justin Gerlach, de la Universidad de Cambridge y miembro del equipo, “descubrimos que los reguladores genéticos implicados en la producción de energía y la reparación del ADN se han mantenido increíblemente estables en Jonathan durante casi dos siglos. Hay pocas criaturas que puedan contarnos más sobre el envejecimiento que las tortugas gigantes de las islas Galápagos y Seychelles. Trabajar con una tortuga gigante muy vieja es un privilegio: tienes la sensación de que la tortuga es tu colaboradora, no tu sujeto de estudio”.
Este investigador ha estudiado la ecología y conservación de las tortugas gigantes durante varias décadas, pero esta es la primera vez que analiza sus vidas excepcionalmente largas.
Por su parte, el doctor Stephen Clark, fundador de la Fundación Kallel y autor principal de este estudio, subraya que su objetivo “es tomar estos conocimientos evolutivos y traducirlos de inmediato en tratamientos prácticos y asequibles para personas cotidianas. El envejecimiento es el mayor factor de riesgo para casi todas las enfermedades crónicas que enfrentamos, y gracias a la generosidad de los socios filantrópicos, podemos democratizar el acceso a la medicina de la longevidad”.
Hasta 400 kg de peso
La tortuga gigante de Aldabra es uno de los reptiles más grandes que hay en el mundo, ya que los animales adultos alcanzan una longitud media de 120 centímetros y un peso de 200 kilogramos, aunque se conocen ejemplares excepcionales que han llegado a superar los 160 cm y los 400 kg.
Se diferencia de la única especie con la que se puede confundir, la tortuga gigante de las Galápagos, por la presencia de una pequeña placa nucal que esta no tiene.
Tiene la piel de un color gris oscuro a negro, presenta un caparazón prominente y abombado, un cuello largo que la ayuda a alimentarse de las hojas de los arbustos y unas extremidades cortas y robustas. Sus extremidades y su cabeza se encuentran cubiertas de escamas osificadas.
Según Galapagos Conservation, el Atolón de Aldabra, en el océano Indico, alberga entre otras especies a la tortuga gigante que lleva su nombre. A pesar de su separación geográfica, tanto las tortugas gigantes de Aldabra de las Seychelles como las diversas especies de tortugas de las Galápagos siguieron trayectorias evolutivas similares, evolucionando hasta convertirse en grandes herbívoros en islas aisladas.


































