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Ante el dolor, mejor hacer ejercicio que tomar fármacos

Ante el dolor, mejor hacer ejercicio que tomar fármacos

El taichí es una de las opciones que recomiendan estos científicos. Foto: magnific

En un nuevo trabajo de investigadores y clínicos australianos, llegan a la conclusión de que hacer ejercicio cuando se sufre dolor producido por osteoartritis o migraña es más efectivo que tomar fármacos para aliviar los síntomas.

El taichí es una de las opciones que recomiendan estos científicos en el trabajo que difunde PAIN Reports. Se trata de un total de 157 revisiones sistemáticas que comprendían 2.736 ensayos controlados aleatorios y 221.279 participantes.

Explican los autores que observaron efectos en afecciones de dolor crónico y agudo, que abarcan poblaciones musculoesqueléticas, neurológicas, inflamatorias y oncológicas. El ejercicio aeróbico, de resistencia, el yoga, el pilates y el taichí fueron efectivos. Se observaron mayores efectos en programas de menor intensidad y menor duración (menos de 12 semanas).

Esta revisión general -subrayan- aporta evidencia convincente de que el ejercicio proporciona un alivio del dolor constante y clínicamente significativo en diversas poblaciones y afecciones. Los hallazgos respaldan la integración incluso del ejercicio de baja intensidad y corta duración en las estrategias habituales.

En otras palabras, los programas de menor duración e intensidad produjeron mayores reducciones de este padecimiento y observaron también beneficios significativos en programas que implicaban menos de dos horas de ejercicio a la semana.

En general y siempre según los autores que trabajan en la Universidad de Adelaida, el ejercicio redujo el dolor en aproximadamente 1,1 puntos en una escala de cero a 10; una reducción un 60 % mayor que el alivio promedio reportado para los analgésicos comunes en ensayos separados sobre dolor crónico.

Liberación de endorfinas y serotonina

El Dr. Ben Singh, investigador principal, lamenta que, a pesar de las pruebas contundentes de que el ejercicio puede aportar beneficios significativos, sigue estando infrautilizado como tratamiento.

“Cuando hacemos ejercicio, nuestro cuerpo libera sustancias químicas como endorfinas y serotonina que pueden ayudar a reducir la intensidad del dolor y aumentar nuestra tolerancia al mismo. Además, ayuda a calmar la inflamación y a cambiar la forma en que nuestro cerebro responde, al tiempo que mejora el estado de ánimo”, añade.

Estos efectos ayudan a explicar por qué el ejercicio puede ser una herramienta tan eficaz. Sin embargo, a pesar de la evidencia, no se utiliza con la frecuencia que debería y rara vez se prescribe con la misma precisión que los medicamentos.

Los investigadores examinaron cómo el tipo, la intensidad y la duración del ejercicio influían en el alivio, así como si los beneficios diferían entre los casos de dolor agudo y crónico.

Para la profesora Carol Maher, miembro del equipo, “se debería alentar a los médicos a integrar el ejercicio como componente fundamental del tratamiento multimodal”.

En este sentido, el profesor Singh opina que “los profesionales sanitarios necesitan una guía precisa, no solo sobre si el ejercicio ayuda, sino también sobre qué ejercicios funcionan para cada paciente y cómo prescribirlos de forma eficaz. Estos hallazgos deberían proporcionar a los clínicos una flexibilidad considerable y una mayor confianza para prescribir ejercicio como componente fundamental y escalable del tratamiento en diversas afecciones”.

Uno de cada cinco adultos, con dolor crónico

Concretamente, los investigadores observaron reducciones significativas del dolor en casos de espondiloartritis axial, cáncer, dolor crónico o musculoesquelético (inespecífico), fibromialgia, reemplazo de cadera, lumbar, migraña y dolor de cabeza, de cuello, osteoartritis (diversa, rodilla, cadera), idiopático en adultos mayores, osteoporosis, posmenopáusico, relacionado con el embarazo, dismenorrea primaria, artritis reumatoide y diversas enfermedades crónicas (incluidas enfermedades neurológicas).

En este estudio se subraya que el dolor crónico afecta a uno de cada cinco adultos en todo el mundo y es uno de los principales factores que contribuyen a la discapacidad y a los costes sanitarios.

A pesar de esta enorme carga, las opciones de tratamiento eficaces, escalables y seguras siguen siendo limitadas. Los enfoques farmacológicos, como los opioides y los AINE, se utilizan ampliamente, pero solo ofrecen un alivio moderado y conllevan riesgos significativos, sobre todo con el uso prolongado.

La crisis de los opioides ha puesto de manifiesto las consecuencias de la dependencia excesiva de las soluciones farmacéuticas, y las muertes relacionadas con los opioides han alcanzado proporciones epidémicas.

A medida que los sistemas de atención médica abordan estos desafíos, las guías clínicas recomiendan cada vez más terapias no farmacológicas, incluido el ejercicio.

 

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