
Tras la finalización del proyecto Brain de Rafael Yuste, 10 años después, un panel de científicos realizó en 2023 una evaluación de los logros obtenidos, entre los que destaca el impacto en el mayor conocimiento en Neurociencia; la aparición del Atlas de las regiones cerebrales con imágenes tridimensionales, con su aplicación en educación y aumento de los rendimientos intelectuales, así como un sistema de simulación virtual de la actividad con posibles mejoras en el tratamiento de la epilepsia.
En este dilatado capítulo de logros también hay que recordar numerosos descubrimientos para el diseño de tratamientos e, incluso, aplicaciones en las llamadas redes neuronales de los ordenadores que enriquecen su capacidad de aprendizaje con un menor coste energético.
Todos aquellos avances empezaron a poner de manifiesto la increíble importancia de una estructura protegida en la parte interna del cerebro. Mientras que en las novelas de Agatha Christie toda la capacidad de pensamiento humano se centraba en las “pequeñas células grises” de la corteza cerebral, toda la capacidad de pensamiento humano, los estudios realizados a lo largo de estos años del siglo XXI han resaltado la importancia de la zona en la que se producen intercambio de comunicaciones procedentes de todos los sentidos: el tálamo.
Etimológicamente, tálamo significa un lugar interior. En el Sistema Nervioso Central, se trata de un conjunto de núcleos de sustancia gris, que sirve de primer punto de convergencia de todas las percepciones tanto del ambiente que nos rodea como de la situación de nuestro cuerpo, incluido el dolor.
Dos relevantes estudios sobre el tálamo
El tálamo se comunica constantemente con la corteza durante el estado de vigilia y es la desconexión entre estas dos zonas (corteza cerebral-tálamo) la que origina el sueño.
Recientemente, en el órgano oficial de la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias aparece un estudio sobre el tálamo, de un equipo de investigadores chinos de la Universidad Beijing Normal, dirigidos por Mingsha Zhang.
Este equipo demuestra en Science que la información que llega a la corteza cerebral, ha sido percibida y filtrada por el tálamo, que registra la actividad y la hace consciente. En su trabajo utilizaron un novedoso registro esteroelectroencefalográfico en voluntarios, que detecta la conciencia visual.
Así, han localizado una actividad inicial en dos núcleos del tálamo: el intralaminar y el medial. Sólo después llega a la corteza prefrontal. Es más, estos neurocientíficos concluyen que esos dos núcleos son los responsables de la percepción consciente de ciertos estímulos, y si no se acoplan entre sí, no nos damos cuenta de que hemos visto un objeto.
Esto es muy relevante para entender cómo y por qué algunos sucesos nos impactan y otros ni siquiera los notamos. Hasta ahora solo algunos eminentes neurocientíficos habían vinculado la percepción consciente a otro núcleo del tálamo, pero el grupo de Zhang aporta pruebas contundentes.
Cabe recordar que el tálamo ya se había vinculado con los estados de ánimo de las personas y la capacidad de recordar sucesos o relatos almacenados por el hipocampo.
Poco tiempo después de este hallazgo, en Nature se difunde el mapa más detallado hasta ahora de las conexiones entre neuronas y células gliales de un centímetro cúbico de corteza cerebral de ratón, en un sistema tridimensional que da unas imágenes increíblemente bellas gracias al método Machine Intelligence from Cortical Networks (The MICrONS Project).
En él colaboran más de 150 investigadores. Se inició con fondos del proyecto Brain de Rafael Yuste y está liderado por el Baylor College de Medicina, la Universidad de Princeton y el Instituto Allen para Ciencia del Cerebro.
Ausencia de leyes sobre neuroderechos
Pero la propuesta sobre los neuroderechos que tanto interés suscitó y que contaba con la iniciativa de tres prestigiosos científicos españoles -los doctores Rafael Yuste, José Miguel Carmena y Álvaro Pascual-Leone- sigue sin haber generado unas leyes de protección adecuadas para las personas.
Es cierto que las posibilidades de mejora de la inteligencia artificial y su uso en beneficio de la sociedad son enormes, pero el único centro europeo, dentro de la red de institutos ELLIS (European Laboratory for Learning and Intelligent System), que se ha constituido para el desarrollo de una ética en el manejo de la inteligencia artificial centrada en lograr la protección de las personas es el instituto ELLIS Alicante.
Este instituto lo dirige la doctora Nuria Oliver que, por la creación del centro durante la pandemia, fue reconocida con el Premio Rey Jaime I de Nuevas Tecnologías (2021).
La ciencia, como la atmósfera, está acelerando su ritmo y, para evitar desastres, hemos de forzar unas legislaciones restrictivas basadas en la ética similares a las que en su día obtuvo el profesor Grisolía como presidente del Proyecto Genoma Humano de la UNESCO.
De lo contrario, corremos el riesgo de conducirnos a un desastre como lo han sido los logros de impecable valor científico de los potentes analgésicos heroína y fentanilo, diseñados para tratar dolores insoportables, pero que los narcotraficantes convirtieron en elementos destructivos de muchas personas, especialmente jóvenes, con el único propósito de enriquecerse.



































