Icono del sitio biotechmagazineandnews.com

Reconfirman el calentamiento global con heces de pingüinos

Reconfirman el calentamiento global con heces de pingüinos

Pingüinos Adelia anidando en la isla Rey Jorge de la Antártida. Foto: Michael Polito, UC Santa Cruz

Los patrones de defecación de colonias de pingüinos Adelia en toda la Antártida, durante un período de 30 años, se han analizado utilizando imágenes de satélites de la NASA.

Se trata de un avance científico para capturar las tendencias de la red alimentaria y la población a escalas continentales y decenales en relación con el cambio climático.

Los detalles de esta investigación de la Universidad de California en Santa Cruz aparecen en el estudio observacional que difunde Current Biology.

El objetivo fue determinar la dieta de los pingüinos Adelia antárticos en todo el continente, estudiando sus heces heladas con la fidelidad y frecuencia que solo la tecnología espacial podría capturar.

El equipo descubrió que las imágenes satelitales son una forma ideal de estudiar colonias en todo el continente y a lo largo de décadas para determinar la dieta de estas aves marinas de tamaño mediano y plumaje similar al de un esmoquin. Esto proporcionó información valiosa sobre cómo sus dietas y poblaciones se correlacionan con los impactos del cambio climático, como la disminución del hielo marino.

Lo que descubrieron es una tendencia preocupante en la que el calentamiento global vuelve a amenazar a una especie polar emblemática. Durante un período de 30 años, los pingüinos Adelia en lugares con más hielo marino consumieron más pescado. En años y lugares con menos hielo marino, dependieron más del kril -pequeño crustáceo parecido a un camarón-.

El estudio también reveló que la dieta estaba relacionada con cambios a largo plazo en las poblaciones de pingüinos. Las colonias con dietas basadas principalmente en kril tenían más probabilidades de estar disminuyendo que aquellas con dietas basadas principalmente en pescado.

Rápidos cambios ambientales

Investigaciones previas han demostrado que los polluelos alimentados con más pescado tienden a ser más grandes y tienen mejores perspectivas de supervivencia que los alimentados con más kril. En áreas donde el pescado escasea debido a la disminución del hielo marino, los pingüinos podrían verse obligados a depender más del kril.

La Antártida ha experimentado rápidos cambios ambientales en las últimas décadas, y este enfoque nos brinda una herramienta nueva y poderosa para comprender cómo han afectado a los pingüinos”, afirma el profesor Michael John Polito, principal autor de este trabajo.

Observamos a los pingüinos desde el espacio -explica- utilizando imágenes satelitales para determinar qué comen en toda la Antártida y así explicar su dieta y la respuesta de su población al reciente cambio climático”.

En el estudio, los investigadores utilizaron la firma espectral -esencialmente, una medida cuantitativa del color en longitudes de onda visibles e infrarrojas- del guano para inferir la dieta de los pingüinos.

Basándose en el color del guano, el equipo reconstruyó las dietas de los pingüinos Adelia en casi toda su área de distribución global entre los años 1984 y 2013.

Casey Youngflesh, de la Universidad de Clemson, recolectó muestras en colonias de pingüinos en su hábitat natural y analizó sus propiedades espectrales en un laboratorio. Posteriormente, el profesor Polito utilizó el análisis de isótopos estables de estas mismas muestras de guano para determinar la dieta de los pingüinos en un espectro que abarca desde el kril hasta los peces.

Estos datos permitieron crear un modelo que relaciona los espectros del guano con la dieta y aplicarlo a imágenes satelitales de Landsat, un programa de observación de la Tierra de la NASA con una larga trayectoria.

Pingüinos Adelia

Youngflesh asegura que este estudio representa el primer uso de observaciones satelitales para capturar la dinámica de las redes tróficas a escalas continentales y decenales.

La amplia distribución de los pingüinos Adelia y la relativa facilidad con la que se pueden monitorear desde satélites los convierten en indicadores útiles de cambios más amplios en el ecosistema antártico.

Cabe recordar que, hasta ahora, estudiar ese proceso en toda la Antártida ha sido difícil debido a que el continente es extenso, remoto y presenta grandes desafíos logísticos para trabajar en él. Los investigadores pueden visitar algunas colonias de pingüinos, recolectar muestras y monitorear las poblaciones, pero no es factible muestrear cada colonia, repetidamente, durante décadas.

Los pingüinos Adelia son uno de los depredadores más numerosos de la Antártida, pero dependen de un número relativamente pequeño de especies de presas para sobrevivir. Durante la reproducción, su dieta se compone principalmente de pececillos de plata antárticos y kril. Además de ser menos nutritivo que el pescado, el profesor Polito recuerda que el kril está disminuyendo en algunas zonas de la Antártida debido al cambio climático y al aumento de su consumo por parte de las poblaciones de focas y ballenas.

Durante los años transcurridos desde la finalización de este estudio, se han observado descensos a gran escala y mínimos históricos en el hielo marino antártico. Si estos descensos continúan, los pingüinos Adelia podrían verse obligados a adoptar dietas basadas principalmente en kril en una mayor parte de su área de distribución.

“Los pingüinos Adelia -termina diciendo este investigador- son una especie emblemática que se reproduce en todo el continente antártico. Actúan como un indicador de alerta temprana y nuestro estudio ilustra cómo el reciente calentamiento global ha alterado la red alimentaria marina antártica de la que dependen, en detrimento de muchas de sus poblaciones”.

 

Salir de la versión móvil