A partir de datos geodésicos y sismológicos de dominio público, un equipo de científicos del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias de la Universidad de California, en Riverside, ha desarrollado un método que identifica con grandes probabilidades dónde se pueden producir los megaterremotos.
Vaya por delante que este innovador trabajo que aparece en Geophysical Research Letters no predice el momento en que ocurrirá, pero sí dónde, al identificar el lugar donde se ha acumulado la tensión a lo largo de las fallas principales.
El 29 de julio de 2025 un megaterremoto de magnitud 8.8 afectó a la costa este de Rusia, en la península de Kamchatka, a una profundidad de 19 kilómetros. El epicentro se situó a unos 136 kilómetros al este de la ciudad de Petropávlovsk-Kamtchatski. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) alertó de un tsunami en el Océano Pacífico, incluyendo a Alaska.
Los investigadores Gareth Funning y Axel Periollat estudian desde hace tiempo cómo la superficie de la Tierra se deforma lentamente, a medida que las placas tectónicas se acoplan antes de romperse. “Los terremotos acaparan los titulares cuando ocurren, pero durante años antes la falla acumula tensión silenciosamente. Esta tensión se puede medir”, subraya Funning.
Se centraron en las zonas de subducción, donde una placa tectónica se desliza por debajo de otra. Estas regiones generan los terremotos más grandes de la Tierra, incluidos aquellos que superan la magnitud 8,5 y, a menudo, producen tsunamis devastadores.
Utilizando mediciones GPS de movimientos sutiles del terreno, los investigadores desarrollaron un nuevo algoritmo que identifica porciones de fallas bloqueadas que almacenan energía. Estas regiones bloqueadas, conocidas como asperezas, actúan como zonas de fricción que resisten el movimiento hasta que se acumula suficiente tensión como para desencadenar un megaterremoto.
Megaterremotos de Kamchatka
Habían identificado una región bloqueada bajo la península rusa de Kamchatka antes de que un gran terremoto sacudiera la zona. Si bien el momento exacto del megaterremoto escapaba al alcance de su método, la ruptura se produjo precisamente donde su modelo indicaba que se había acumulado la tensión.
Periollat reconoce que tenían una idea de dónde se estaba acumulando la tensión basándose en un conjunto de datos relativamente limitado.
Los hallazgos también revelaron que los terremotos que ocurren en la misma región pueden comportarse de manera diferente. Si bien Kamchatka experimentó movimientos sísmicos gigantes tanto en 1952 como en 2025, este último generó un tsunami mucho menor, lo que sugiere que la parte más superficial de la falla se deslizó menos que durante la ruptura anterior.
Como se detalla en este estudio, “las comparaciones entre los modelos de deslizamiento de 1952 y 2025 sugieren fallas repetidas de la misma aspereza de larga duración dentro de esta región bloqueada, pero con grandes diferencias en el deslizamiento superficial, lo que explica los impactos contrastantes del tsunami de los dos megaterremotos. Partes de la ruptura de 2025 liberaron un déficit de momento mucho mayor que en 1952, mientras que otras liberaron solo la cantidad esperada, lo que ilustra que el déficit de deslizamiento entre eventos no se traduce uniformemente en deslizamiento cosísmico”.
Y añaden los autores, “si bien el acoplamiento probabilístico pone de manifiesto dónde se concentra la tensión, el acoplamiento entre zonas costeras y poco profundas sigue sin estar bien resuelto, lo que subraya la necesidad de la geodesia del fondo marino para evaluar mejor el potencial de ruptura y tsunami”.
Imposible predecir el momento
Los investigadores hacen hincapié en que con su método es imposible predecir el momento en que ocurrirá un terremoto, ni la magnitud de un tsunami. Sin embargo, matizan que delimitar las zonas de mayor riesgo podría mejorar la planificación y la preparación a largo plazo.
Ahora están aplicando su método a otras importantes zonas de subducción en Japón, México, Nueva Zelanda y el noroeste del Pacífico. Cada una presenta complejidades adicionales, como eventos que liberan energía gradualmente en lugar de hacerlo mediante megaterremotos repentinos. También están investigando si técnicas similares pueden mejorar la comprensión de las fallas geológicas de California.
Como destaca Funning, la tranquilidad de la población no debería basarse en creer que podemos predecir el terremoto con exactitud. “Especialmente donde vivimos, en el sur de California, -añade- no es cuestión de si ocurrirá, sino de cuándo. No hay nada que reemplace la preparación”.
Todos los datos geodésicos utilizados en este estudio son de acceso público. Las velocidades GNSS intersísmicas provienen de Bürgmann et al; los modelos de fuente sísmica para los eventos de 1952 y 2025 se pueden obtener a través del Servicio Geológico de los Estados Unidos; la geometría de la megacorrimiento se basa en el modelo Slab2.0 (Hayes et al) y los cálculos de deslizamiento se realizaron utilizando el código de elementos de contorno Tribem de código abierto (Loveless).

